miércoles, 10 de diciembre de 2008

Debe ser...

No me creo la mejor en cuestión de besos, ni quisiera comparar mis abrazos con los de alguna otra porque sé que llevo las de perder. No pretendo que admires mis caricias que algunas noches solían ser tan frías que podrías confundirlas con nieve. Tampoco te obligo a admirar mi cuerpo que está tan gastado últimamente por el uso, como mi corazón por el amor.
Si pudiste contar los besos, abrazos, caricias y hasta las horas que pasamos juntos. ¿Por qué no tenés noción de semejante amor que te tengo? ¿Acaso es intangible? ¿Acaso no lo sientes? ¿O te costaría tanto contarlo que no te animas a empezar? Podría ayudarte. Pero no sé si el amor se pesa, se mide o se cuenta. No sabría darte la magnitud exacta de mi amor, porque no puedo medirlo, ni contarlo, ni pesarlo, pero sí puedo sentirlo.

Debe ser que el amor sólo se mide en el corazón. Debe ser eso. Y es por eso que hoy me pesa tanto. Porque es sólo mi corazón el que está lidiando con él. Con tu parte, que dejaste en consignación, y con la mía, que aún te espera. Debe ser por eso que pesa tanto. Debe ser por eso que no te das cuenta.

Y si mañana no soporto el peso de tanto amor, voy a tratar de desprenderme de él.

El tiempo podrá llevarse una parte. Regalaré miles de besos para entregar otro tanto. Y conseguiré algún otro corazón para guardar el resto. Pero te aseguro que este amor es tan grande, tan grande que siempre quedarán en mi corazón algunas que otras secuelas de lo que hoy es y promete seguir siendo.

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