Que pena
las noches aquellas, mirando las estrellas
siguiendo las huellas, de una riqueza absurda,
que pena, no haber nunca perdido la cabeza.
Que pena
los sueños corrientes, que nunca nos contamos
los viajes separados, las flores en Septiembre.
Que pena haber estado
tan pendiente de lo urgente.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
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1 comentario:
si te ahorrás comentarios en mi blog, me privas de tus dulces palabras. Gracias por pasarte seguido Flor, nos vemos.
Diego
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