Hay muchas palabras y para cada una un sinónimo. Como para cada letra de canción, una melodía. Como para cada sonrisa, un brillo en los ojos. Como para cada niño, un juguete preferido. Como para cada adulto, un buen vino.
Para cada palabra existe también un antónimo. Como para el blanco, el negro. Como para cada día de fiesta, un lunes. Como para cada noche, un sol.
Cada palabra tiene alguna que la reemplace. Alguna que pueda usarse en el mismo sentido y en el mismo lugar de la oración. Alguna que signifique espectacularmente lo mismo.
Pero como siempre y en todo, existe a la regla una excepción.
Extrañarte. No hay otra palabra tan perfecta y simple que pueda describirme hoy. No hay otra palabra que suene igual. No hay otra palabra que quiera gritarte. No hay otro significado que pueda asignarle.
Y saber que no te tengo, ese… ese es el peor antónimo.
Cuánto cuesta tratar de reemplazar. Cuánto cuesta imaginar que todo tiene un final. Cuánto cuesta suponer que por algo ya no estás.
Cuánto me cuesta asumir... que ya es hora de olvidar.

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