martes, 20 de enero de 2009

Mi mente, con la ayuda de mi conciencia, comienza a combatir contra la insistencia de mi corazón que no se resigna y no entiende lo que significa… “jugársela en vano”.
No quiero verte y a la vez mis ojos te buscan entre la multitud. No quiero hablarte y mis labios mueren por pronunciarte un saludo mirándote a los ojos. No quiero rozarte porque sentirás cuánto tiemblo al tenerte cerca. No quiero… no quiero que al mirarme te sientas culpable de lo que eres capaz por el simple hecho de no merecerte, de no ser digna de elogiar tu sonrisa, de distinguirte entre tantas personas, de ser la razón de cada segundo de mi existir.
Por momentos sólo somos nosotros dos.
Temblando y con los ojos húmedos a más no poder, te encontré. Aún sabiendo que jugaba con fuego, aprendí a tolerar el sufrimiento de esas quemaduras y volví a expresarte la razón por la cual decidía suicidarme una y otra vez, sin importar la ironía de tus sentimientos.
Otra vez yo sonrío sin motivos. Otra vez me crema enamorada.

1 comentario:

Memo dijo...

Un comentario:

No es cuestión de dignidad.

Es cuestión de una sonrisa.

Saludos