miércoles, 17 de diciembre de 2008

Y los días de ayer dejaron huellas en el hoy. Y al volver la brisa del verano, una vez más vuelvo a pensarme.
Siempre creemos que muchos recuerdos han sido olvidados. Memorias de viejos tiempos que se han querido esconder para mantenerse vivas nada más que en nosotros. Y es que somos como un baúl. De los antiguos, de los añejos. Esos que son como cofres de piratas que guardaban su más valioso tesoro. Escondidos acá, en uno mismo. Pero nunca van a faltar gestos, melodías o pensamientos que reabran el baúl y nos permitan recordar. Traer hasta el presente lo que fue pasado y darnos cuenta hoy de lo que tuvimos ayer. Todo tiempo pasado fue mejor, comentaron los más sabios, porque quizás a ellos también la brisa del verano los hizo recordar. No hay que vivir de recuerdos, dijeron los más hipócritas, porque quizás se dieron cuenta que si es recuerdo es porque pasó. Y si pasó, hoy se recuerda. Y si se recuerda es porque se vivió.
Dejemos que el recuerdo nos invada y vivamos cada detalle de lo que hoy es ayer. Que la memoria se adueñe de nosotros y nos deje descubrir que también vivimos en el pasado. Porque para que haya un hoy siempre tuvo que haber ayer. Y para que haya mañana, hoy debemos recordar. Porque recordar es haber vivido, recordar no es sólo pensar. Es un sueño ya convertido, que nos deja imaginar que quizás mañana pueda volver a pasar...



(...no nos olvidemos...)

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